El registro de mensajes intimidatorios en establecimientos de diversos distritos bonaerenses puso en alerta a las comunidades educativas. La clave reside en evitar la viralización de capturas y fortalecer el diálogo sobre la responsabilidad digital.
En las últimas horas, varias escuelas de diferentes distritos reportaron la circulación de mensajes de amenazas vinculados a supuestos "desafíos" o retos virales. Estas situaciones, que suelen originarse en redes sociales y plataformas de mensajería, generan una interrupción en el ciclo lectivo y una angustia generalizada que, en la mayoría de los casos, constituye el objetivo principal de quienes inician estas cadenas.
Desde la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, a cargo de Guido Lorenzino, advirtieron que la circulación desmedida de estos mensajes, sin una verificación previa, ayuda a cumplir la meta de los agresores. Ante este escenario, resulta fundamental entender los mecanismos de estas tendencias para actuar de forma preventiva y proteger el entorno escolar.
El riesgo de alimentar la viralidad del miedo
Uno de los mayores problemas detectados es el llamado "efecto contagio". Muchos de estos retos buscan expandirse a través del temor. Cuando adultos o estudiantes comparten capturas de pantalla de amenazas en grupos de WhatsApp o redes sociales, aumentan el alcance del mensaje y profundizan la crisis en la comunidad.
Frenar la cadena de reenvíos es el primer paso para desactivar la amenaza. La prevención digital no solo implica el control de contenidos, sino también comprender que las acciones en el entorno virtual tienen consecuencias legales tangibles en el mundo real, independientemente de si se trata de una broma o un reto.
El rol de las familias y la institución
Ante la recepción de un mensaje de este tipo, la respuesta no debe ser la difusión masiva, sino la activación de protocolos oficiales. Las instituciones educativas cuentan con mecanismos específicos para abordar situaciones de conflicto o amenaza, y es allí donde debe canalizarse la preocupación.
El acompañamiento adulto es determinante en estos casos. Mantener la calma y generar espacios de escucha con niños, niñas y adolescentes permite desarmar la lógica del reto viral. Hablar sobre el uso responsable de la tecnología y explicar los riesgos de participar en estas dinámicas ayuda a reducir la vulnerabilidad de los estudiantes.
Qué hacer en la práctica
Para abordar estas situaciones sin profundizar el pánico, se sugieren los siguientes puntos de acción:
- Evitar la difusión: No compartir capturas ni audios amenazantes en redes sociales o grupos masivos.
- Canalizar por vías oficiales: Ante cualquier duda o sospecha, comunicarse directamente con las autoridades escolares, preceptores o equipos docentes.
- Promover el diálogo: Conversar en el hogar sobre cómo identificar contenidos peligrosos y la importancia de no replicar mensajes que generen miedo.
- Mantener la calma: La respuesta institucional y familiar debe ser serena para evitar que la situación escale y afecte el derecho a la educación de los y las jóvenes.