El deporte nunca fue un espacio neutral. Desde sus orígenes se organizó como un territorio masculinizado, donde los cuerpos legitimados para competir, dirigir y ocupar la escena eran, casi exclusivamente, cuerpos de varones. Las mujeres quedaron afuera, relegadas o excluidas.
Esa matriz no desapareció con el tiempo: cambió de forma, pero siguió operando en la distribución desigual de recursos, reconocimiento y lugares de poder. Hoy esa desigualdad se expresa de múltiples maneras. Se ve en las brechas salariales entre deportistas, en la cobertura mediática desigual, en infraestructuras pensadas históricamente para un solo tipo de cuerpo y, sobre todo, en la baja presencia de mujeres en los espacios donde se toman decisiones.
No se trata de un problema aislado ni de una disciplina en particular, se trata de una estructura que atraviesa al sistema deportivo en su conjunto. Los datos lo muestran con claridad. En 2023, ninguna mujer integró el listado de las cien personas deportistas mejor remuneradas del mundo.
En 2024, las quince deportistas con mayores ingresos no lograron igualar, en conjunto, lo percibido por un solo deportista varón. La desigualdad también se replica en los torneos de máxima visibilidad: la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2023 repartió 150 millones de dólares en premios, frente a los 440 millones distribuidos en el Mundial masculino de Qatar 2022.
En el plano mediático, las mujeres reciben apenas el 16% de la cobertura deportiva total a nivel global, según ONU Mujeres. Y en la conducción técnica, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 mostraron otro dato elocuente: solo el 13% de quienes ejercían roles de entrenamiento eran mujeres.
En conjunto, estos indicadores no describen una excepción: describen una desigualdad persistente. Pero el deporte también puede ser otra cosa. Puede ser un espacio de disputa, de ampliación de derechos y de transformación cultural. Puede ser el lugar donde los mandatos de género se ponen en cuestión y donde quienes fueron históricamente desplazadas reclaman visibilidad y reconocimiento.En esa tensión entre reproducción de desigualdades y posibilidad de cambio se juega buena parte de la agenda actual.
En ese escenario, la FIFA ocupa una posición de enorme incidencia institucional. No solo regula competencias: produce reglas que ordenan jerarquías, habilitan trayectorias y definen quiénes acceden a los espacios de autoridad. Durante décadas, esas reglas permitieron, por acción u omisión, que el fútbol femenino siguiera siendo conducido casi exclusivamente por varones. No porque faltaran mujeres capacitadas, sino porque persistieron barreras estructurales que limitaron su acceso a esos lugares.
Por eso resulta relevante la decisión del Consejo de la FIFA de establecer, a partir de este año, requisitos mínimos de representación femenina en los cuerpos técnicos de todos los equipos que participen en competiciones femeninas organizadas por el organismo. La medida no es una sugerencia: es una obligación.
Exige la presencia de al menos una mujer como entrenadora principal o asistente, al menos una integrante mujer en el cuerpo médico y al menos dos oficiales de banco femeninas en cada partido. El crecimiento del fútbol femenino en audiencias, inversión e infraestructura no derivó, por sí solo, en una ampliación equivalente de mujeres en roles de conducción.
Ese desacople muestra con bastante nitidez los límites de una idea instalada con frecuencia: que el desarrollo de un sector, por sí mismo, derrama igualdad. Los datos del Mundial Femenino 2023 desmienten esa premisa. Solo 12 de las 32 selecciones participantes en Australia y Nueva Zelanda fueron dirigidas por mujeres. Menos de la mitad. No se trata de una cuestión de mérito individual, sino del funcionamiento persistente de barreras estructurales: redes de acceso configuradas en circuitos masculinizados, trayectorias formativas desiguales y ausencia, hasta ahora, de reglas que interrumpan esa reproducción.
Si bien la medida de la FIFA no alcanza por sí sola para resolver una desigualdad más amplia, marca un punto de apoyo institucional que importa. La agenda pendiente sigue siendo extensa: la brecha salarial entre deporte masculino y femenino, la distribución desigual de la cobertura mediática, las condiciones de entrenamiento, las infraestructuras no pensadas para cuerpos de mujeres y las barreras que todavía condicionan el acceso de niñas, adolescentes y diversidades al deporte desde edades tempranas.
Desde Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires a través de la Dirección de Políticas de Igualdad impulsamos una agenda sostenida para promover la igualdad en el deporte. A través del Observatorio de Igualdad de Género en el Deporte, creado en 2019, desarrollamos instancias de capacitación y sensibilización destinadas a dirigencias, cuerpos técnicos, planteles, jóvenes y comunidades deportivas, con el objetivo de prevenir violencias, identificar prácticas discriminatorias y fortalecer condiciones de participación más equitativas.
En ese marco, promovemos la implementación de la Ley Micaela en entidades deportivas, acompañamos procesos de formación en género y masculinidades, y brindamos herramientas para abordar estereotipos, violencias y desigualdades que persisten en estos espacios. Entendemos al deporte como un derecho humano y también como un ámbito de socialización donde se construyen vínculos, referencias y formas de convivencia; por eso, intervenir ahí también implica trabajar por instituciones más inclusivas, respetuosas y libres de violencias.
La resolución de la FIFA abre una puerta que no debería volver a cerrarse. La igualdad real en el deporte exige políticas sostenidas, decisiones institucionales y voluntad de transformar reglas que durante demasiado tiempo consolidaron exclusiones.
Desde la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires a través de la Dirección de Políticas de Igualdad seguiremos acompañando y promoviendo esas transformaciones, en el ámbito deportivo y en todos aquellos espacios donde la desigualdad de género todavía organiza, de forma explícita o solapada, el acceso a derechos.
Para conocer más sobre los talleres brindados por la Defensoría ingresá a: https://www.defensorba.org.ar/pdfs/programa-capacitaciones-deporte-2023.pdf https://www.defensorba.org.ar/pdfs/programa-taller-de-violencias-en-el-deporte.pdf